Hoy me levanté
gracias a un llanto. Era un llanto que tocaba mi puerta para que yo lo llevara
a mi cama. Ese llanto era de alguien a quien amo sin importar que sea calvo,
pues ese es un llanto que solo yo lo calmo.
Le abro la puerta y lo acuesto en mi
cama. Ese llanto ya se ha calmado, ahora es momento de hacer un poco de
cosquillas, para darle alegría. Soplarle la panza, para verlo llorar porque
papá lo tiene loco. Dejo que coja aire y continúa su llanto. Es porque es
momento de darnos un baño. Ya que también el hambre nos va predominando.
Ya nos bañamos, vamos a comer. No
falta su leche, su mejor desayuno. Mientras papá le da su desayuno, espera a
que coma para ponerlo en el asiento que le regalo su abuelo. Se queda
tranquilo, ya que ve como papá prepara lo que se va a comer, mientras le habla
de lo lindo que es tener su hijo a su lado. Luego de comer, es momento de
limpiar y comenzar a vestirnos para ir a pagar, comprar ropa para ambos y luego
hacer algo de compra, aunque vamos a comer en algún restaurante a la noche.
Luego de pagar y estar largas horas,
le dio calor y sueño. Un conjunto perfecto para que comience el llanto. Yo me
vuelvo loco ya que voy en el carro. Me detengo en el primer espacio que veo. Es
momento de atender a quien me hace feliz. Quien llora es mi hijo y se merece la
atención de papá. Luego de hablarle en mis brazos, se queda dormido. No era un
simple sueño, era el sentir del calor de papá. Ya con su pañal limpio, dormido
y con su estomago abastecido; continúo mi marcha al centro comercial.
Dormido y sin darse por enterado,
comienzo la compra de ambos. Ropa para el diario, la noche, la playa, para
cuando visitamos abuela y para cuando compartimos en actividades que nos
invitan. No falta su calzado y el mío menos. ¡Se levantó! Momento de ir al baño
para verificar su pañal y luego detener el coche en un banco del centro
comercial, para solo hablar de lo que estaba haciendo papá, mientras me tomo un
vaso de café. Ya es momento de continuar nuestra marcha al supermercado. ¡Oh,
oh! Se sintió en mis brazos y no quiere su asiento protector. Vamos a poner
música de infantes, para ver si así se calma y aguanta hasta llegar al
supermercado.
Llegamos al supermercado y tiene una
sorpresa para mí en su pañal y al parecer también es hambre. Lo atiendo, dejo
que el mundo de vuelta mientras mi razón
de ser, pide mi tiempo. No importa, pues siempre se lo daré. Desde que nos
bajamos y en cada pasillo del supermercado, llueven las bendiciones para mi
bebé. Es momento de pagar y parece que extraña los brazos de papá, pues empieza
a llorar. Al parecer se siente incómodo, vamos a cogerlo. ¡Cuidado! Era un
buche que quedó en mi camisa color negra. Pero ya voy para casa, así que no
importa, eso se lava.
Hice un cambio en mí sábado, en vez
de ir a comer en algún restaurante con mi hijo, voy a celebrar su existencia,
ambos acostados en el piso de la sala, babeando juguetes y hablando como si me
pudiera contestar. La peste de ambos ya es mucha y se duplica con un pañal
sucio. Vamos a preparar la bañera con burbujas y agua tibia, ya que el calor es
bastante fuerte. Ya vamos a quitarnos la ropa, por lo tanto a limpiar pañales y…
¡Eeeiiiih! Si, acabo de tener una cama orinada. ¡Vamos a bañar! Después se
limpia.
Ya bañados y con ropa, momento de
tomar leche y a dormir. Bueno, opcional, ya que se tomó la leche y aun lo veo
con los ojos más abierto que los de papi. Vamos a la cuna en lo que cambio las sabanas de mi cuarto. No hice más
que ponerlo en su cuna, agarro su paño y se lo llevó a la cara. ¡Ya se durmió!
Mientras yo voy a cambiar las sabanas de mi cama, que alguien las orinó.
¡Al fin me voy a dormir! Antes deja
pasar al cuarto de mi hijo. Es tan lindo, jamás pensé vivir esto. Su pañal
limpio, respira, dormido como un angelito. El monitor para oírlo cuando se
levante, esta prendido. Un beso, un rezo y la bendición, eso no falta antes de
yo irme a dormir. Pongo mi cabeza en la almohada y mi hijo comienza a llorar,
veo la venta y hace sol. Salgo corriendo a ver qué le pasa. ¡No está! Hoy es sábado
y quien llora es el hijo de mi vecino. Aun no tengo mi hijo y todo fue un sueño.
Pero fue el mejor sueño, aún cuando de mi rostro solo fluyen grandes lágrimas.
Anhelando el momento en que te tenga en mis brazos.