miércoles, 25 de marzo de 2020

Aplaude

Anoche, Puerto Rico aplaudió en señal de gratitud, así como ya han aplaudido en muchos países. Es cierto, aplaudir hoy día esta cañón. Persiste el miedo y no se puede celebrar. Sin embargo, ciertamente hay que aplaudirles a quienes se exponen a contraer el famoso COVID-19 por ir a trabajar. 

España lo hizo, Argentina también y anoche nos unimos a esa muestra de gratitud, aplaudimos los Boricuas. Al momento le hemos devuelto a Italia un hijo suyo en vida y las cenizas de una dama que perdió la batalla ante el coronavirus. Fueron los nuestros los que lucharon junto a un octogenario contra este enemigo inviable. Y aún dicen que es una estupidez aplaudirles porque “solo hacen su trabajo”. 

¡Venga! Así como el policía brinda seguridad, el enfermero cuida, la maestra enseña y el pizzero hace pizza, todos son importantes. Pero hoy no, hoy no importan. ¡Importan siempre! Ahora, dígame que cuando le dicen (me usaré de ejemplo) “Luis gracias por dar la milla extra” o le dicen “Vi que hiciste x o y cosa. Gracias por eso”, dígame que no se siente bien. ¡Inclusive! uno se siente hasta grande, aunque se salvó de estar en el car seat por una pulgada. Lo mismo sienten ellos cuando les aplaudimos. 

Si usted me pregunta, ¿a quién le aplaudo? Pues mira, comienzo por decirte que le aplaudo a un pizzero que cumple con sus turnos, se expone y pone en riesgo a su familia de contraer el coronavirus por contar de tener dinero para los suyos. que se arriesga por contar de que tú comas. Inclusive, para que coma el policía que deja a su familia para detener a irresponsables que andan en la calle incumpliendo con la ley y con el toque de queda. Exponiéndose cada vez que está trabajando; ahora se expone a riesgos que van desde un tiro, hasta el coronavirus. Si, también aplaudo al policía. 

Aplaudo a la de recursos humanos que está embarazada y deja a su hija en su casa para ella irse a trabajar. Sí, a trabajar en una empresa que se dedica a la salud. ¡Claro! Aplaudo a la farmacéutica que tiene tres hijos y es madre soltera. A la chica que me atiende en la gasolinera que voy y que su esposo  trabaja en haciendo equipos médicos. ¡Diantre! Esa gente. Los que hacen sueros, los que hacen respiraderos, a ustedes que son parte de esta batalla, el mundo les aplaude. 

No solo se aplaude al doctor, que es muy probable que tenga su vida hecha, pero que se quiebra porque sabe que no hay cura certera para este enemigo. A los doctores que les toca elegir entre conectar una persona de treinta vs una de ochenta, el mundo les agradece sus esfuerzo y se los dice aplaudiendo. ¿Saben a quién más se les aplaude? A los enfermeros y enfermeras. ¡A ellos también! A esos, que en el caso de los del sur de Puerto Rico, no han dejado temblar. Te aplaudo. Te aplaudo porque sé que perdiste tu casa y tu trabajo, vuelves a trabajar y sin repasar nada, te toca un nuevo campo de guerra. Son importantes. 

Mi aplauso no es solo para el salubrista. Mi aplauso también es para el que está detrás de todo este andamiaje. Si lo analizamos, los doctores, enfermeros y pacientes son los actores y quienes trabajan en la gasolinera, industria de la comida y otras áreas, son los tramoyistas, maquillistas, etc. En fin, nadie hace nada solo y por eso yo aplaudí. Les aplaudiré siempre porque todos somos importantes en esta guerra no importa nuestro oficio, inclusive si estás en tu casa. ¡Te aplaudo por cuidarte y cuidar los tuyos! 

¿Qué mensaje tiene mi aplauso? Mi aplauso lleva el mensaje de fuerza, vamos para adelante y que voy a ti. Aunque no te conozca, voy a ti por ser parte de esta guerra. El mundo en general les aplaude diciéndoles “¡Gracias! Gracias por ser grandes”. #EsteVirusLoParamosUnidos



jueves, 19 de marzo de 2020

Carta para ti

**Luego de mucho tiempo, hoy (20 de marzo del 2020) he decido escribir con una razón, dedicarte una carta.**

Hace unos días te oí. Escuché frustración, enojo y tristeza, en tus palabras. No pude decirte nada, tienes razón para estar así. Te quejabas por estar aguantado, porque no has podido echar adelante como tú esperabas. Lo peor, es que nada ha sido culpa tuya, ¡Nada está en tus manos! El hacer cambios, hasta la fecha, lo tienes que poner en las manos de Dios y esperar. Te confieso que oírte me dolió, me destruyó. Lo más cabrón es que ni yo tengo la solución a tu frustración. Quizás abrazarte para que llores en mi hombro, mientras yo aguanto y te aseguro que todo será mejor; quizás eso sea una solución. 

Me acuerdo que cuando expresaste tu frustración, no estábamos solo. ¡Estabas rodeado de amor! A tu lado una persona, y sin contarme, detrás había otra.  

Es cierto que estabas a punto de comenzar un nuevo reto y vino un virus para aguantar al mundo. Así como es cierto que cuando más feliz estabas vinieron temblores y caíste en miedo por aquellas personas que componen tú hogar. ¡Te admiro! Supiste que hacer para que estuvieran bien. Vamos hablar como tú y yo hablamos, ¡te envidio! Tienes una familia hermosa, ¡no lo dañes! Empezando el año, nada salió como esperabas. Ni para ti, ni para el mundo. 

¡Coge aire, suéltalo y llora! 

Me gustaría prometerte que mañana te llamarán para alzar un nuevo paso, pero no está en mis manos. Si me permites decirte algo ahora, antes de que todo vuelva a la normalidad, vive tu familia. Goza a los tuyos. Ve la situación como un aire antes de que empiecen días llenos de mucho trabajo. Días que serán de abundancia y te harán ser un buen proveedor para los tuyos. No sé de cuánto tiempo hablamos, pero verás que algo mejor viene para ti. 

Me tengo que ir a dormir. Por favor, no mires cuán estancado estás, sino lo que tienes. Me gustaría tener lo que tú, una gran familia. Alguien que aún sabiendo lo que tienes o dejas de tener, te toma de la mano y te promete estar a tu lado solo pidiéndote fidelidad. Así somos, tu vez tu frustración y yo veo tu familia. 

P.S. 
Que tu vida sea cada día más bella. Recuerda que estaré aquí siempre para ti y tú familia. 

¡Te veré triunfar y echar adelante!