sábado, 30 de diciembre de 2017

¡Se va, se va y no vira!


Familia, ha sido año fuerte con cojones. Desde principio de año, hemos reído como pueblo y al final, nos tocó llorar. Nos ha tocado despedirnos de familiares y amigos que han tomado vuelo a nuevos rumbos en busca de su éxito, a ustedes gracias por no rendirse. No puedo decirles que las cosas van a estar mejor o peor, pero puedo hacerte la invitación a levantarte y luchar por tu bienestar. A salir de tu cama a trabajar y recordar que lo haces por los tuyos. Te hago la invitación a estudiar aunque sea un grado asociado, eso te ayudará mucho, aunque parezca que no. 

Puerto Rico no tiene buenos líderes y lo hemos visto plasmado en primeras planas, televisión y radio, no pongas tu confianza en ellos. Piensa por ti y lucha, nadie hará nada por ti; excepto esa persona que aparece en el espejo cuando tú te tratas de ver. El 2017 ha sido un año de muchos apretones en el pecho, sea por la razón que sea. Nos pintamos de rubio, nos cubrimos de oscuridad. ¿Si nos levantaremos en el 2018? ¡Yo sí! Lo digo seguro y confiado porque no espero por un gobierno, digo que me levanto porque trabajo por salir adelante como ser humano. ¿Hay trabajo? ¡Claro que si! En su momento tuve tres y estuvo cabron; tenía que decidir si comía o me bañaba. Solo tienes que identificar las áreas y recordar que se hacen sacrificios. Utiliza la frase Puerto Rico se levanta y ponle tu nombre, elimina el Puerto Rico. ¡Levántate tú! 

¿Qué puedo desearles en este Año Nuevo 2018?
Paciencia, perseverancia y valentía. Para los que nos hemos quedado, aún nos queda mucho por que luchar, seamos un poco más humanos y ayudemos a los de nuestro alrededor. A los que están afuera, luchen por lo que quieren y alcancen su éxito. Desde su hogar, habemos quienes los apoyamos y le seguimos los pasos. Si desean regresar, Borinquen los espera con los brazos abiertos. 


Les daré una opinión para vivir mejor. Es que debemos perdonar. Perdonar sin que la otra persona lo sepa, sin que nadie lo sepa. ¡Hazlo! Las vueltas que da la vida son tan misteriosas, que el futuro es algo incierto. ¿Lo cierto de la vida? Que hoy vives. 

¿Estamos preparados? Ya se va el 2017 y lo recibiremos con buenas emociones, ganas de luchar y llenos de perseverancia. Vamos a reír, llorar y sobre todo, gritar para volver a comenzar. Demos pasos importantes como pueblo, da pasos importantes como persona. Yo confío en mi Isla y sé que la recuperaremos, que pronto será del pueblo nuevamente. Sé que tú puedes caminar adelante y digo que lo sé, porque tienes vida y las limitaciones te las pones tú. ¡Voy a ti! No estás solo y si así lo piensa, te invito a conversar un rato. ¡Feliz Año Nuevo!


Con amor,
Luis A. Sánchez Sánchez 

jueves, 2 de febrero de 2017

Mientras Comía

De esas pocas veces en la que tengo el momento de salir a comer, fui a un restaurante común, de esos que hay por toda la Isla. Entré y me senté. Cerca de mí había una familia cuyo vocablo era normal, era de esas familias que son todo risas. Un joven de algunos 19 años, su papá, su mamá y creo que la otra dama era su abuela. No vestían caro y era de la gente que uno ve feliz porque no les importa lo que digan de ellos, ellos son felices siendo ellos estén en donde estén. ¡Qué familia linda! Si le describiera más a fondo la familia de aquel restaurante, no pudiera. Me demostraron que el físico y lo que llevan puesto no importa cuando se está con los que se ama.

¡Saben algo! Puedo decir que su hijo no vivía con ellos, pues en varias ocasiones hoy al señor decir: -Hoy es mi único día libre y lo saqué para verte-. Esto es sin contarles que la dama le decía: -Hace falta tu ruido en la casa-. Eso me dejó paralizado. En muy pocas ocasiones he oído a padres decir eso. Palabras fuertes de seres que uno reconoce que el amor que sale de ahí es sincero, aunque en estos tiempos se puede poner en duda -aunque esto no viene al caso-.

Mientras comía los aperitivos, aquella familia tan llena de alegría y amor, me dejaron algo claro. No eran de San Juan. Entre carcajadas, oí a aquel joven decir: - ¡Yo como soy de campo, no me importa! -. Me dio mucha risa, y no porque fueran de campo, sino por el orgullo que lo decían. Fue como cuando gritamos la frase “Yo soy Boricua, ¡pa’ que tú lo sepas!”, imagínense. Pude sacar dos conclusiones de primera instancia, o el chico llevaba poco en San Juan o sus padres le enseñaron que para llegar al tope se necesita pasar necesidades. No sé por qué esa familia de algún pueblo de la montaña me dio mucha curiosidad. Sinceramente, me quedé muy pendiente a ellos, creo que ellos lo notaron.

Llegó mi comida. Un rico plato de lasaña, pan con ajo y ensalada, (le tenía ganas). Ellos también habían recibido su comida. Platos comunes, nada costoso y mucho menos nada raro. Me uní a su risa cuando los oía decir: -Esto es lo mismo que cocinamos, pero con salsas raras. No me gusta mucho-, ahí yo me tuve que reír. Claro es que lo que uno come en restaurante, el 90% de las cosas las podemos hacer en nuestras casas. Tenían que ver su alegría. En una ocasión el chico dijo: -A mami no le gusta nada porque como esto tiene salsa…-, su madre le siguió rápidamente: -Nosotros como somos pobres, le echamos mayonesa a las ensaladas-. Demás está decirle que inclusive yo me reí bastante duro. Observaron que estaba pendiente a ellos y al parecer, como pensaban que nadie los había oído, fue mayor su risa.

Quedaban varios minutos -según mi agenda- antes de volver a mi ajetreo diario, pero aún pensaba si pedir postre o irme para la universidad. ¡Difícil decisión!

Me quedé sentado, mirando la sección de postre del restaurante. Fue solo para disimular, en realidad quería seguir riéndome -como buen presentado-, con aquella familia. Pedí el postre. Más que una cena, esto era una enseñanza para mí. Llegó mi bizcocho de chocolate con helado de vainilla, una cosa fina por aquello de mantener la dieta. Mientras aquella familia pedía un postre distinto. Intercambiaban postres, se reía la abuela como creer que entendía todo. En cierto momento, el hijo gritó a su mamá que de que le valía el ejercicio de la semana, corrido el padre recordaba las pesas que acababa de comprar para la dama y volvemos a reír. ¡Me voy!

Aquella familia me trajo grandes enseñanzas, lo material no es nada cuando existe un amor real y puro como el que puede ser el de la familia. Ese que ellos me presentaron, ese que ellos me dieron la oportunidad de vivir. Digo que me dieron la oportunidad de vivir porque yo estaba con ellos, sentado entre ellos. Me agradecían por todo lo que he hecho por su hijo, sin saber lo que él ha hecho por mí. Me dieron una gran cena, y más de una lagrima en mis ojos. Una frase que me marcó mucho, y que el padre de aquella familia me dijo fue: “Trabajo seis días a la semana y mi único día libre, vinimos a compartir con él”. Me incluyeron a su cena porque así quisieron, pero si no hubiera ido, nunca hubiera aprendido que cuando me toque formar mi familia tengo que velar por la unidad. Con dos de sus hijos fuera de la Isla y con solo uno aquí, me agradecieron en más de una ocasión por como lo he ayudado. Su madre se desbordo al agradecerme y al describir a su hijo, -tuve que tragarme varias lágrimas-.

Hoy esta familia que me hizo morirme de la risa. ¡Que bellos son! Gracias mil por sus palabras y bendiciones. No termino mi nota sin decirles, que la unión familiar es importante y hoy supe cuánto. ¡He reflexionado! Solo espero que este chico nunca cambie su forma de ser; que él toque a San Juan, pero que San Juan nunca lo toque. Denle tiempo a quien merece, luego puede ser tarde y el amor se puede perder, si no hacemos que quede bien sembrado. El valor del ser humano es grande y el de esta familia es más grande aún.

¡Que siga creciendo el buen amor!