Son muchas
las mujeres que pasan por el proceso de Cáncer de Mama; al igual que un dos por
ciento de los hombres según un estudio realizado por Susan G. Komen. Como parte
de una promesa que le hice a quien en vida fuera Yadira Pellicier Mercucci, di
parte de la caminata de Marcha por una Causa: Cáncer de Mama (el 29 de octubre
de 2016), en la ciudad de Yauco, en tacos. Aunque me ponía estos tacos por
segunda ocasión, ya que la primer fue en la Escuela Superior Loaiza Cordero del
Rosario ante los jóvenes que participaron en la realización del lazo rosado;
esta vez era caminar ante pacientes y sobrevivientes de este tipo de cáncer.
Era demostrarle que existen hombres que no solo se visten de rosa, sino que se
ponen en sus zapatos.
Ya había
hablado. Me cambié mis tenis por mis tacos, dentro de mi mensaje, y estaba
próximo a comenzar la caminata. Existió un alto, fue un momento en donde en un
abrazo con mi señora madre, rompí en llanto. ¿Por qué razón? ¡No lo había
internalizado! Sé que esto fue una promesa a Yadira, pero también era una
promesa a sobrevivientes que conozco y a las que no. Dentro de este grupo
existe gente tan importante para mí que al recibir esos abrazos, besos,
palabras de agradecimiento y comentarios haciendo referencia que iban a mí en
esta marcha; al llegar a mami internalicé y lloré. Sin embargo, sequé mis lágrimas
y nos paramos firmes. ¡Llegó la hora! Tenemos que comenzar a caminar.
Cuando un
paciente de este cáncer se enfrenta ante esta enfermedad, luego de procesar la
noticia, se viste para dar la batalla. Con mucha fuerza, con mucho poder.
Llevando consigo una armadura pesada, pero por la sed de vencer, no se
considera lo suficientemente pesada. Acompañados de grandes seres a su
alrededor que le dicen que no están solo y que hay que seguir batallando, juntos
sin mirar atrás. Comienzas tu tratamiento y descubres que no están solos, que
hay casos peores, que hay casos que alientan y que te hacen mostrar que hay
esperanza. En esta primera parte con los tacos, las emociones me corrían por
las mejillas, comenzaba a llover y tenía que ir mirando abajo, pues había
hoyos, badenes, muertos y alcantarillas a las que había que estar pendiente. Igual
pasaba con los pacientes, pues llegaban problemas, preguntas y pequeños momentos
de tristezas, pero no nos podemos rendir, ¡caminemos juntos!
Ya dolían
los pies y necesitaba bajarme de aquellos tacos rosados, así como los pacientes
en ocasiones quieren darse por vencido. Entendí que ese momento fue como cuando
el paciente se siente solo, cree que no hay fuerza y toma un aire para volver a
comenzar. Al ponerme los tenis, ¡así fue! Entendí que aquel momento con los
tenis era el aire que necesitaban mis pies para seguir caminando, ir al paso de
la marcha y no atrasar a nadie. Cuando un paciente dice no voy más, en
ocasiones es para dejarle saber a los suyos que necesita ayuda, un impulso, una
palabra de aliento, un momento para que le echen porras y seguir la lucha. En
aquella marcha oyes historias de pacientes y sobrevivientes, de cuidadores y
co-sobrevivientes, de familiares y amigos de pacientes. Dentro de aquella
marcha llegamos al primer oasis, con un cartel enorme de a quien le dedicaba la
promesa, Yadira Pellicier Mercucci. Cada oasis representaba aquel grupo enorme
de familiares y amigos que le gritan al paciente: “¡No te rindas! No estás
solo, vamos a ti. Sigue que falta poco”. No importaban los oasis de aquella
marcha; sin duda alguna un paciente en tratamiento necesita más de tres o
cuatro oasis durante el transcurso de su vida desde el día que se entera que es
momento de batallar contra el cáncer.
¡Sigamos la
ruta! Aun no llegamos y vamos a subir la primera cuesta, esa que representaba
las situaciones que pueden traer consigo esta enfermedad. Déjese entender que
pueden ser económica, en una relación, familiares, hormonales y luchas
internas. La subimos completa y llegó el momento de bajar otra cuesta frente al
hospital de Yauco. ¿Qué puede ser el hospital para un paciente? En muchas
ocasiones solo una pequeña estadía, pero en el peor de los casos, su hogar por
sus últimos cinco o seis días antes de mudanza al cielo. Bajemos la cuesta, ya
es momento de dejarle saber al mundo que estamos llegando a nuestra meta. Estamos
llegando a la cita final donde te dicen que el cáncer ha desaparecido, -aunque
sea por un instante-. Nos tomamos la foto en la cuesta, corro un poco pues tenemos
que llegar como salimos, con los tacos puestos. Mientras me pongo los tacos la
me piden que camine al frente, con las sobrevivientes. ¿Cómo decirle que no a
caminar con mis guerreras? Empecemos lo poco que nos queda.
Rodeado de
Lucy, Celia, Tata, Vivian, Ana, Idali, Carmen y muchas otras guerreras que no
conozco personalmente, estábamos por llegar. El llegar significaba celebrar el
fin de un año más de otra gran marcha, pero también significaba celebrar la
vida. Al llegar a nuestra meta -y yo con los tacos-, me comentaban que esa
emoción que tenía es la misma que se siente cuando se está próximo a llegar al
final del tratamiento. Otra foto de aquella marcha (y la que luego la Sociedad
Americana Contra el Cáncer usaría de manera oficial en su “banner” de
agradecimiento) y llegábamos. Con dolor, con ganas de llorar, mirando al cielo
y sonriéndoles a quienes desde allá me cuidan, ¡llegamos! En el caso de un
paciente, ¡terminó, celebramos! Abrazos, más agradecimientos, palabras de
admiración, fotos y una ola imparable de canciones dentro de mí. ¡Lo logré! Aún
no lo creo, estoy celebrando y abrazando a mis guerreras. ¡Dimos la batalla!
Parte de
aquella marcha en tacos, es algo increíble. El dolor no importaba tanto como lo
importaba esas mujeres que me abrazaban, aquellas que lloraban y me agradecían
una y otra vez. Esto no es nada, pues soy yo quien les agradece del amor incondicional
que de ustedes tengo. Por nunca dejar de seguir mis pasos, porque vernos es un
río de abrazos, besos y rizas. Aunque ya termino mi nota, le agradezco a Malla Rodríguez
por la oportunidad de explicar por qué daría mi marcha en tacos. A mis
guerreras, a las que conozco y las que no, mil gracias por hacerme romper mis
propias barreras, ¡las amo! Mi mentora, consejera escolar y de vida, otra de
mis madres, Carmen Pacheco; te amo un mundo y gracias porque desde cero me has
dicho que tengo mucho. Sin tu apoyo no sería nadie, mil gracias. A Christopher,
gracias por hacer realidad esta promesa y ser mi cómplice; siempre te estaré
más que agradecido. Jorge Luis, gracias porque en esta ruta te mantuviste al
lado pendiente de todo, ¡eso cuenta! A quienes se acercaron por si necesitaba
algo, a quienes estuvieron pendiente a mí, Tití Mindy, gracias. ¡Gracias a
todos! Realmente esto fue “Casi como
tener cáncer”.
**Las fotos fueron utilizadas sin permiso alguno de sus respectivos autores.
Orgullosa de ti. Te Amo. Dtb!!! (Tití Willdaliz)
ResponderBorrar¡Gracias TitÍ! Yo también te amo.
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