martes, 15 de noviembre de 2016

Casi como tener Cáncer de Mama




Son muchas las mujeres que pasan por el proceso de Cáncer de Mama; al igual que un dos por ciento de los hombres según un estudio realizado por Susan G. Komen. Como parte de una promesa que le hice a quien en vida fuera Yadira Pellicier Mercucci, di parte de la caminata de Marcha por una Causa: Cáncer de Mama (el 29 de octubre de 2016), en la ciudad de Yauco, en tacos. Aunque me ponía estos tacos por segunda ocasión, ya que la primer fue en la Escuela Superior Loaiza Cordero del Rosario ante los jóvenes que participaron en la realización del lazo rosado; esta vez era caminar ante pacientes y sobrevivientes de este tipo de cáncer. Era demostrarle que existen hombres que no solo se visten de rosa, sino que se ponen en sus zapatos. 

Ya había hablado. Me cambié mis tenis por mis tacos, dentro de mi mensaje, y estaba próximo a comenzar la caminata. Existió un alto, fue un momento en donde en un abrazo con mi señora madre, rompí en llanto. ¿Por qué razón? ¡No lo había internalizado! Sé que esto fue una promesa a Yadira, pero también era una promesa a sobrevivientes que conozco y a las que no. Dentro de este grupo existe gente tan importante para mí que al recibir esos abrazos, besos, palabras de agradecimiento y comentarios haciendo referencia que iban a mí en esta marcha; al llegar a mami internalicé y lloré. Sin embargo, sequé mis lágrimas y nos paramos firmes. ¡Llegó la hora! Tenemos que comenzar a caminar. 

Todos tenemos un ángel que nos impulsa y en mi caso, una de esos ángeles, se llama Carmen Pacheco -sobreviviente de cáncer de mama-. Cuando comenzaba la marcha me pidió que caminara con ella y así fue. Dentro de aquella algarabía, sentimientos encontrados y el festejo de la vida; de su mano comenzando caminando. Muchas personas me miraron raro, otras tiraron fotos y seguían llegando palabras de agradecimientos. Con los tacos puesto y en el transcurso del comienzo de aquella marcha, Carmen me decía como era el proceso del cáncer. Desde la etapa inicial, hasta finalizar el proceso y así fue como caminar en tacos se convirtió en “Casi como tener cáncer de mama”.
 
Cuando un paciente de este cáncer se enfrenta ante esta enfermedad, luego de procesar la noticia, se viste para dar la batalla. Con mucha fuerza, con mucho poder. Llevando consigo una armadura pesada, pero por la sed de vencer, no se considera lo suficientemente pesada. Acompañados de grandes seres a su alrededor que le dicen que no están solo y que hay que seguir batallando, juntos sin mirar atrás. Comienzas tu tratamiento y descubres que no están solos, que hay casos peores, que hay casos que alientan y que te hacen mostrar que hay esperanza. En esta primera parte con los tacos, las emociones me corrían por las mejillas, comenzaba a llover y tenía que ir mirando abajo, pues había hoyos, badenes, muertos y alcantarillas a las que había que estar pendiente. Igual pasaba con los pacientes, pues llegaban problemas, preguntas y pequeños momentos de tristezas, pero no nos podemos rendir, ¡caminemos juntos! 

Ya dolían los pies y necesitaba bajarme de aquellos tacos rosados, así como los pacientes en ocasiones quieren darse por vencido. Entendí que ese momento fue como cuando el paciente se siente solo, cree que no hay fuerza y toma un aire para volver a comenzar. Al ponerme los tenis, ¡así fue! Entendí que aquel momento con los tenis era el aire que necesitaban mis pies para seguir caminando, ir al paso de la marcha y no atrasar a nadie. Cuando un paciente dice no voy más, en ocasiones es para dejarle saber a los suyos que necesita ayuda, un impulso, una palabra de aliento, un momento para que le echen porras y seguir la lucha. En aquella marcha oyes historias de pacientes y sobrevivientes, de cuidadores y co-sobrevivientes, de familiares y amigos de pacientes. Dentro de aquella marcha llegamos al primer oasis, con un cartel enorme de a quien le dedicaba la promesa, Yadira Pellicier Mercucci. Cada oasis representaba aquel grupo enorme de familiares y amigos que le gritan al paciente: “¡No te rindas! No estás solo, vamos a ti. Sigue que falta poco”. No importaban los oasis de aquella marcha; sin duda alguna un paciente en tratamiento necesita más de tres o cuatro oasis durante el transcurso de su vida desde el día que se entera que es momento de batallar contra el cáncer. 

¡Sigamos la ruta! Aun no llegamos y vamos a subir la primera cuesta, esa que representaba las situaciones que pueden traer consigo esta enfermedad. Déjese entender que pueden ser económica, en una relación, familiares, hormonales y luchas internas. La subimos completa y llegó el momento de bajar otra cuesta frente al hospital de Yauco. ¿Qué puede ser el hospital para un paciente? En muchas ocasiones solo una pequeña estadía, pero en el peor de los casos, su hogar por sus últimos cinco o seis días antes de mudanza al cielo. Bajemos la cuesta, ya es momento de dejarle saber al mundo que estamos llegando a nuestra meta. Estamos llegando a la cita final donde te dicen que el cáncer ha desaparecido, -aunque sea por un instante-. Nos tomamos la foto en la cuesta, corro un poco pues tenemos que llegar como salimos, con los tacos puestos. Mientras me pongo los tacos la me piden que camine al frente, con las sobrevivientes. ¿Cómo decirle que no a caminar con mis guerreras? Empecemos lo poco que nos queda. 

Rodeado de Lucy, Celia, Tata, Vivian, Ana, Idali, Carmen y muchas otras guerreras que no conozco personalmente, estábamos por llegar. El llegar significaba celebrar el fin de un año más de otra gran marcha, pero también significaba celebrar la vida. Al llegar a nuestra meta -y yo con los tacos-, me comentaban que esa emoción que tenía es la misma que se siente cuando se está próximo a llegar al final del tratamiento. Otra foto de aquella marcha (y la que luego la Sociedad Americana Contra el Cáncer usaría de manera oficial en su “banner” de agradecimiento) y llegábamos. Con dolor, con ganas de llorar, mirando al cielo y sonriéndoles a quienes desde allá me cuidan, ¡llegamos! En el caso de un paciente, ¡terminó, celebramos! Abrazos, más agradecimientos, palabras de admiración, fotos y una ola imparable de canciones dentro de mí. ¡Lo logré! Aún no lo creo, estoy celebrando y abrazando a mis guerreras. ¡Dimos la batalla! 

Parte de aquella marcha en tacos, es algo increíble. El dolor no importaba tanto como lo importaba esas mujeres que me abrazaban, aquellas que lloraban y me agradecían una y otra vez. Esto no es nada, pues soy yo quien les agradece del amor incondicional que de ustedes tengo. Por nunca dejar de seguir mis pasos, porque vernos es un río de abrazos, besos y rizas. Aunque ya termino mi nota, le agradezco a Malla Rodríguez por la oportunidad de explicar por qué daría mi marcha en tacos. A mis guerreras, a las que conozco y las que no, mil gracias por hacerme romper mis propias barreras, ¡las amo! Mi mentora, consejera escolar y de vida, otra de mis madres, Carmen Pacheco; te amo un mundo y gracias porque desde cero me has dicho que tengo mucho. Sin tu apoyo no sería nadie, mil gracias. A Christopher, gracias por hacer realidad esta promesa y ser mi cómplice; siempre te estaré más que agradecido. Jorge Luis, gracias porque en esta ruta te mantuviste al lado pendiente de todo, ¡eso cuenta! A quienes se acercaron por si necesitaba algo, a quienes estuvieron pendiente a mí, Tití Mindy, gracias. ¡Gracias a todos! Realmente esto fue “Casi como tener cáncer”

**Las fotos fueron utilizadas sin permiso alguno de sus respectivos autores. 

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